PERÓN Y LA ALIMENTACIÓN

* Claudio Vizia

Con la convicción de que ante los problemas que nos plantea el futuro debemos recurrir a nuestras fuentes doctrinarias para orientarnos en las respuestas adecuadas, antes que a filósofos de moda, es válido tener presente la obra escrita y de gobierno del fundador de nuestro Movimiento.

Previamente, y a manera de introducción, caracterizamos brevemente a la situación alimentaria mundial haciendo referencia a un informe de una organización internacional: Según la ONU 811 millones de personas sufren los efectos del hambre habiendo capacidad de producción de alimentos suficientes para alimentar a toda la población mundial, mientras 2.153 multimillonarios poseen más riquezas que 4.600 millones de personas, el 60 % de la población mundial. Fuente: Oxfam Internacional. https://owfam.org.

En el orden nacional, la sojización del campo argentino es seguramente el proceso de mayor incidencia estructural en la evolución del sistema productivo nacional de las últimas décadas, además de actuar como disparador de múltiples consecuencias socioeconómicas y ambientales. La llamada revolución verde de fines de los ’60, basada en la utilización de semillas híbridas desarrolladas por un puñado de compañías multinacionales, permitió el paso de las prácticas tradicionales de elección de semillas por parte del productor, a la compra y el pago de patentes a las multinacionales productoras, las que acrecientan sus ganancias con el requerimiento cada vez mayor de fertilizantes para aumentar los rendimientos y la competitividad de las explotaciones agrícolas. Este modelo productivo impuesto en las décadas finales del siglo pasado, fue transformado en las décadas recientes con la imposición de la agricultura industrial orientada a la producción de commodities para exportación en detrimento de la producción de alimentos para la población, lo que trajo una serie de consecuencias, y aquí conviene citar a una de nuestras autoridades nacionales en materia de economía ecológica:

  1. Un rápido desplazamiento de la agricultura comunal productora de alimentos de consumo local;
  2. El crecimiento de la agricultura de exportación que empujó a los sistemas de producción tradicional hacia tierras más frágiles y marginales,;
  3. El deterioro de los términos de intercambio ya destacados desde mediados del siglo pasado por la escuela cepalina, que implica una sobreexplotación de  recursos y una subvaluación de productos cuya distancia es cada día más desfavorable para la Región;
  4. La expansión de los sistemas de agroexportación y su consiguiente concentración que además, generalmente implica una ampliación de las tierras disponibles para sostener la escala, lo que por una parte incrementa la deforestación y apertura de la frontera agropecuaria y por otra el desplazamiento de pequeños y medianos productores, junto a las economías campesinas e indígenas, con costos sociales y ambientales ni siquiera considerados (…);
  5. La baja artificial de los alimentos en los países desarrollados para los habitantes de las ciudades, que esconde la presión sobre los agricultores y los sistemas por cada año producir más y a más bajo precio;
  6. Cambios sociales, sanitarios y nutricionales con la aparición de nuevas infecciones y enfermedades crónicas;
  7. Creciente pérdida de la soberanía alimentaria y debilitamiento de los sistemas de desarrollo local endógeno;
  8. Compromiso político e institucional con las políticas de desarrollo de los organismos internacionales que han generado más problemas que las soluciones puntuales a los que en algunos casos llegaron;
  9. Compromiso científico tecnológico con la productividad de conocimiento apropiable para los sistemas de producción local;
  10. Fuerte compromiso de los medios de difusión masiva (prensa, radial y escrito) con los modelos de promoción de la agricultura industrial y
  11. Fuerte injerencia de las corporaciones en las decisiones de “desarrollo rural”. (Pengue)

Entrando a considerar la concepción de Perón en la materia, debemos precisar que la cuestión alimentaria desempeñó un rol central en lo que resultó su concepción ecológica global. Una anticipación de la formulación del pensamiento ecológico de Perón en su madurez, es el planteamiento estratégico de la problemática de los alimentos, que ya preveía como crítica a comienzos de la década del ’50. Ante la posibilidad inminente de una tercera guerra mundial por las tensiones entre los dos bloques, expuestas en forma dramática en la guerra de Corea, postulaba a la comida como el más grave problema de entonces, que la nueva guerra en ciernes sin duda acrecentaría. En Política y estrategia, recopilación de artículos publicados en la prensa bajo el seudónimo de Descartes, escribía:

“La solución tiene un solo camino: producir más alimentos. Para ello será menester desarrollar extensiva e intensivamente la producción. Será necesario poner en explotación las grandes áreas incultas, desde que la producción alimentaria aún depende de la tierra. “

Al problema de los alimentos y el imperialismo se agregarán en la década siguiente los de superpoblación y superindustrialización, complejizando aún más el planteo, formulado con claridad en 1967 en “Latinoamérica: Ahora o nunca”, texto que fue incluido en el libro La Hora de los Pueblos editado en 1968, donde afirma:

“… la mayor lucha fundamental en un mundo superpoblado es por una cosa siempre primordial para la humanidad: la comida. Ése es el peor y el más difícil problema a resolver.

El segundo problema que plantea la industrialización es la materia prima: valdría decir que en este mundo, que lucha por la comida y la materia prima, el problema fundamental del futuro es un problema de base y fundamento económicos, y la lucha del futuro será cada vez más lucha económica, en razón de una mayor superpoblación y de una mayor superindustrialización.

En consecuencia, analizando nuestros problemas, podríamos decir que el futuro del mundo, el futuro de los pueblos y el futuro de las naciones estará extraordinariamente influido por la magnitud de las reservas que posean: reservas de alimentos y reservas de materias primas”.  

Y a continuación, al considerar la realidad de la región y especialmente de Sudamérica, con relativamente baja cantidad de población y grandes reservas de alimentos y materias primas, agrega que resulta evidente que también constituyen nuestra mayor amenaza: afirma que la historia enseña que la humanidad, ante la falta de alimentos, se los ha procurado quitándolos unos a otros por las buenas o por la fuerza.

En cuento a su obra de gobierno, resumiendo los resultados cabe precisar que la mortalidad general descendió de 10 por mil en 1946 a 8,8 por mil en 1950. Se formuló en 1949 una política alimentaria nacional a cargo del Instituto Nacional de la Nutrición, sobre la base del aumento de los ingresos populares y el control de los abusos en los precios de los alimentos, consistente en la recopilación de datos estadísticos a fin de recabar información sobre la alimentación de la población, estableciéndose la necesidad de disminuir el consumo de alimentos sobreutilizados como la carne y el trigo, y de aumentar el consumo de alimentos protectores como la leche, las frutas y verduras y el pescado. Se realizaron además cursos de capacitación en educación alimentaria para el personal de salud pública.

En su obra ecológica cumbre, el Mensaje ambiental a los pueblos y gobiernos del mundo al enumerar los problemas ambientales globales describe el despilfarro de agua dulce por el consumo humano y la agricultura, los graves procesos de erosión ocasionados por la explotación agrícola irracional sumados a la supresión de la vegetación natural, ocasionando el agotamiento de las aguas profundas y por ende la desertificación de zonas antes fértiles; y los ríos que más que fuentes de agua potable y vías de transporte eran desagües cloacales. Mientras la erosión producida por el cultivo irracional o por la eliminación de la vegetación autóctona constituía un problema mundial, calificaba como absurda la pretensión de reemplazar el ciclo biológico del suelo, uno de los más complejos de la naturaleza, con tecnología basada en la química, y para concluir el diagnóstico de situación, subraya la contradicción consistente en que pese a la revolución verde en la agricultura, no se producían alimentos suficientes para toda la población mundial por la falta de desarrollo industrial, de reformas estructurales y de justicia social en el Tercer Mundo, sin embargo la carrera armamentista insumía entonces 200.000 millones de dólares anuales que podrían haberse aplicado a la solución de este flagelo.

En sus propuestas afirma la necesidad de una revolución mental que implica la comprensión de la imposibilidad de reemplazar los procesos naturales del ciclo biológico, de la necesidad de reparación de los recursos dañados que sean recuperables; de contemplar los peligros de la tecnología, de admitir que el llamado progreso deberá tener límites que nos impongan vivir más austeramente para que la vida esté al alcance de todos, que la naturaleza debe ser restaurada y los recursos naturales son agotables y deben utilizarse racionalmente, que el crecimiento poblacional debe ser planificado, pero más importante es aumentar la producción de alimentos, mejorar su distribución y promover la educación y la salud pública, y que la educación y el sano esparcimiento deben ocupar el lugar del hiperconsumo.

La necesaria modificación de las estructuras socioproductivas mundiales requerirá que la base de las sociedades no sea ya el lucro sino la justicia social, debiendo orientarse las prioridades de producción hacia los alimentos y los bienes necesarios, por lo que deberán ser cambiadas de acuerdo a la realidad de cada país. Y la conclusión enfoca a una crítica de la naturaleza misma del capitalismo y a la necesidad de reemplazarlo por un sistema más justo y sustentable, al afirmar que es necesario un nuevo modelo de producción, consumo y desarrollo tecnológico que tenga a la justicia social y no al lucro como base.

En un apartado final dedicado a los países del Tercer Mundo, afirma que como productores de alimentos y de abundantes recursos naturales, debemos ponernos en alerta frente a la voracidad de los monopolios, ávidos de nuestros recursos naturales para mantener su estilo de desarrollo, teniendo en cuenta que el aumento en la producción de alimentos deberá ser acompañado de su industrialización local, por lo que la exportación de materias primas multiplicará la cantidad de alimentos que no se podrán producir en el futuro.

En tanto nos planteamos como Movimiento con derecho al futuro, debemos tener presente que en el futuro nos espera Perón, con su doctrina y sus realizaciones, como guía para la orientación y la acción.

*Mg. Claudio Vizia: Autor del libro “Perón Verde”. Antropólogo social y Magister en Sistemas Ambientales Humanos (UNR). Docente e investigador para CONICET, UNR y organizaciones ambientalistas. Consultor Ambiental. Integrante del Instituto Juan Domingo Perón.

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